Sogol
Gaza
Paulo San Páris
A los civiles muertos en la Franja de Gaza,
Mis respetos y recuerdo.
“Nodriza.- (…) Terribles son las decisiones de los soberanos;
acostumbrados a obedecer poco y mandar mucho, difícilmente
cambian los impulsos de su carácter. Mejor es acostumbrarse a
vivir en igualdad; (…)”
MEDEA, Eurípides
Invocación:
¡Ahí está la edad de mi verdadero cuerpo!
La llave que embarca el trofeo
Descuartizado de mis aromas está a la orilla de la luz.
Ya no escucho aullar mi nombre.
Hago extensiva la orilla
Pues, cualquier río, me corta
Su ventana líquida en un recuerdo
Que me deposita el sonido
De la lengua en auxilio.
1
Llegué a las fauces del terreno frío
Por las malformaciones de las esquinas.
Los ríos aumentaban su caudal en las cavernas
Donde aún resuenan habitaciones sicópatas.
En sus ronquidos encadenados a las sombras
Reinan los girasoles grisáceos que mis pulmones bautizan en el aire.
Sobre la marcha de la estrella más alta
Até la luz elástica al sonido del fuego
Para que la marea no tartamudeara tropiezo en el sextante.
Cada nudo que rompía la piedra negra,
Donde se enlazan todas las dependencias,
Era un cuerpo frágil que embellecía esa luz de fondo.
2
Curva la luz su vibrato descalzo
Cuando desciendo.
Desfallece más su cúbica diadema en la resonancia de su cuerpo.
En escaleras cruzadas,
Marina el camino con su tul sulfúrico.
Los hombres que han perdido su lengua,
instalan el reino de las filas en el nuevo temple de la luna
con un material perpetuamente gimiente de polvo.
3
Marinaje sobre el ego de la luna:
El ojo clava su iris en la blancura volcánica de la herida.
No hay en ellas tiza, ni leche
Si no hambre del pájaro que suicida el velo del nido
por la sangre portuaria del otro que lo espera.
La caverna donde están amarrados
Tiene nombre marfilado en un rincón.
De alguno de sus poros
Se desprende un respiro tísico, sobre el cual no pongo nota,
Sino una musiquilla grave, lejana y farólica que me crece.
4
La musiquilla decanta su silencio,
Inmóvil en el asta de sus notas,
Sus pasillos estrechos aclaran las zonas de frío
Por las cuales escupen los leprosos.
La musiquilla ahueca corcheas en los cuescos, sus llaves del sol
Han sido el cuerpo disecado de los museos del fango.
El caldero donde puede brotar la raíz de Junio
Traga el gemir descompaginado de los países huelguistas
Y los reinos de la lengua seca.
5
Lento.
Lentamente.
Se ha hecho la llave de fa con las cenizas de los esqueletos,
Las herraduras hierran los fallos
Con un crujir alambrado
De silencio cómico en el paso y Fábregas* soledades.
* me inventé el nombre de las fábricas y el lodo que impera en las cavernas, para cualquier duda entiéndaseme como un neologismo poético.
6
Hay sudores de estatua y estatutos en los olores.
7
La sequedad del olor huele succionada
Por la erosión de lo líquido.
No sé por qué riel el tizne me dicta colores
Encadenados a mi familia.
No sé por qué el regreso es crear calvario:
Volver a los maderos con los brazos abiertos
Y a los clavos con olor a óxido.
El crujir de los gruesos grilletes violetas traduce el sonido del frío material.
8
Acá se oscila en un péndulo irritado
Por la sequedad y el sonsonete de sollozos
Que indagan sobre la puerilidad de las puertas.
Las nubes son cántaros inventados en las rocas…
Las simientes de la heredad son topes de reinos viciados
Donde se esparce el tronco de mis madres
Y sus trajes salpicados por el páramo del beso.
9
Más allá, más allá, del labio y del beso: la peste de la maleza,
El desequilibrio de crecer con mitra en las raíces.
La fangosa llanura fría que suelta su manto de alambre,
Su lengua ácida, sus maniquís desarmados
Hunde el frío sobre el frío.
Sobre la hora crece la maleza en las sombras de la semilla
Tuerce el reino los ojos que han forjado como relámpago.
La peste en las raíces convoca al ciego
A gritar por quien gritaría en-soldando esa mudez que ensordece
Mientras cuerpan las hienas.
10
Las goteras de la musiquilla tienen su propio cause astral
Erigen muros, llevando el original aire circuncidado.
Nada estrellaba las letras de aquel marbete.
Desde afuera, desde la boca donde se ingiere veneno,
El pasillo del eco levanta esa placa de mármol.
El desfiladero rítmico del zapateo en la nausea
El agua que corre por las orillas:
Cuanto miren mis manos las nucas, el cause desviado no proceda.
Coro:
“Pueblo de música:
Las letanías de David y Salomón nos llaman.
El oriente, occidente
y sus cortes,
Levantan el grano seco de sus rostros:
Las mieses perpetuas serán criadas.”
11
Los harapos del silencio
Cuelan sonido seco en Palestina y el faro magallánico.
Las concordes derivaciones de la caída blanda
Donde se inmaterializa la palabra y domina lo oscuro de la luz sepulcral.
El algodón gris terminado de la tierra
Adormece estas grietas donde se elevan las marchas frías
[y los tablones del éxtasis mutilado.
Del vulgar desarrollo de la luz
Los niños adelantan su paso, su caja resonadora del desquite
[y despido que este río involucra.
12
Desde esta orilla,
El grito se acumula en rincones sordos
Frutos de la luz disipada del cruce, el cause y el olvido.
El pulso se escribe lento, sus dones y la simiente del sonido rojo
Cargan la cruz de sangre y las espinas cruzadas que doblan las flores de Galilea.
Desde la otra orilla,
El cemento es eterno, el manzano es germinable
Y la voz de las cavernas lanza su esqueleto profundo,
Por las fauces y los causes que reflejan el invisible arcoíris grisáceo.
No vivo yo en mi, si no las cavernas y el arrojo de su grito trazado…
13
Cruzo con la espera de los reyes
Y la heredad del arcoíris por las treguas.
La gruesa replica cae
Innombrada
En la caverna que tecela el cielo de arena y mora,
Donde se inclina el desecho de la pena
Y la cóncava soledad de un espejo
Del que se extrae oscuridad y negligencia.
14
Están pegados las manos y los ojos a esa punta fresca,
A ese rocío, a esa piedra mojada por donde baja el sudor pétreo
[de los clandestinos romances
y las rodillas de las madres carbonizadas.
Quién corona la bula del dolor
Mendiga la sentencia de la carne.
15
El pozo de la carne y los adioses
Hincan el camino y la marcha de los perdedores
Para dar el paso de retroceso adelantando las espinas.
De sus espinas la tiza calca la imagen del pudridero,
Aquel jardín que era establece su Corona de Linca infiel
Mientras el tiempo no sospecha su lanza en el repecho de las piedras.
Su rastro puntiagudo conduce al pudridero por el jardín,
La tiza acumula rubor en la dimensión de las orillas,
Desde aquel deslinde la peste del silencio bubónico
Entreteje en este mapa, la geografía de otra luna,
Son otro nombre en los pasajes y los versículos.
16
Pendiendo de las sombras
Baja la rosa
Al cuerpo con su visita de fuego,
Hila en escala de grises los descensos visitados,
Bajo entonces
Al lugar donde ninguna hembra cocha su sexo
Al lugar donde se lloran los hijos negros,
El lugar donde ninguna puta
Revuelve los puñados ni las simientes de los muros de piedra.
Bajo al azulejo
A la piedra negra que de repente hunde la noche,
Repartiendo la maleza en la explanada.
17
Porque entrego el cuerpo del hijo circundado
En los bordes del río a las gargantas del fauno
Y los lirios de las ninfas,
Porque se perfora el aire en la separación y en su entrega
Porque la sed invade ácida las gargantas de las madres,
Es que se derriten los envoltorios de la virgen
En sus frascos de pena con el único misil dorado:
Llamo al nombre del niño con los ojos cerrados en el barro…
18
El agua focaliza cuerpos nulos
Llaman crueldad a las grietas del frío.
He bajado hasta ellas
Para ondear las voces despeinadas de los hombres.
Cuanto estridulan los grilletes y rechinan los grillos,
Cuanta pobreza hay en las imágenes de las sombras
Cuanta fealdad en el sonido que encaja el fuego en el fuego.
19
Aquí.
Donde.
No-se-Es-aquí: el umbral.
La luz vuelve elástica en la sombra de su sonido…
20
Hinco en el camino de los perdedores
Para darles el paso que apolilla la madera fresca de los vencedores.
21
Época de oxígeno. Época de maleza.
Si al cabo las luces trajeran el contagio en tubos.
Época de los dígitos. Época del lodo sobre el cuerpo.
22
Las nubes suben anudando la pólvora ácida ida
Con la caída de ese cristal sobre esa sangre.
Los huesos reanudan sus replicas, rielando la luz del pasaje
Y las grietas por donde corren sus hambres rojas,
Recordando la maleza arrastrada de la pena y el ahogo azul.
23
La voz de lo azul, ese círculo temblante donde se vuelve al ojo.
Y el grito violeta, la parálisis de la voz azul frente a su cornucopia doblada:
Ambos dones del silencio otorgan el dominio completo de la casa.
La casa ya no existe. Ha desaparecido por completo con el hierro de las caídas,
El lecho nupcial de los nigromantes del palacio yace vago, inmóvil,
[Perpetuo en su huída disecada.
Acá, padre, yerran los finales de tierra y luz,
No se oye al átomo, pues ha sido cosido a nuestro oído,
Mientras mirábamos lo oscuro de tu rostro.
24
En el rostro del padre, del hijo y de los maderos cruzados
El silabario del pueblo agripa el cuerpo con una lengua de trinchera,
Magra la carne, compone acentos que se sueltan de las vocales.
Declinan las zonas de interjecciones con un polvo y una materia inmoderada.
Desde las orillas se habla en gris perpetuo:
El nuevo lenguaje es el Eco de los ángeles,
Nadie entiende el arcoíris, nadie conoce la siniestra.
Todos hablan invirtiendo la letra en el sonido profundo de ese río equidistante.
El brillo es una estrategia dialectal para nosotros y el camino de las retamas.
25
No corono a los hermosos.
Por el pecho de nuestros dígitos muertos
He abandonado los flequillos de los huraños.
La conducta se vuelve líquida,
Cuentan horas los gritos en las manos de las grietas,
Su caída en la planta inferior de mi ojo
Adormece la piedad.
Tengo los ojos en las manos, tallando a las venas de la tierra
Porque los hermosos han hecho la fábrica de Dios.
26
Sollozo la hoja.
No doblo máquina en la fábrica sin aceitar la letra actual.
En la venganza al cuerpo, la inocencia afila mis hembras
Guardo su vacío en un canto primogénito,
Agudo me toqué entre sus entrañas enfermas
Les besé el oxígeno un sábado lastrado de fondo rojo.
Las marcas contraían el eco de las granadas
Amarradas a la soledad de las camisas de fuerzas
Recogían el martirio en los girasoles nocturnos,
Desnudas por los gritos que brotaban del ajedrez bandido.
27
Ningún juego, asegura la perdida del dolor.
La carne ha estado roja en la carne
Su transición perpetua eleva el muro,
mientras se acumulan cuerpos en los cerros.
Tropas en un auxilio bajan descorchando la ceguera
Que ha de habitar lo no habitado.
28
Las habitaciones son nuevas, tienen su cuerpo diseñado en clave
Las grietas acomodan las esperas en la caverna.
Hemos construido la casa de arena con los gritos del desierto
Hemos tenido las horas disecadas por horas.
La época de barro avanza con un eco que golpea mi frente.
Los hijos, nuestros hijos, soplan las flores de papel
Para herirnos el olvido.
29
Este diciembre baja con memoria oxigenada.
En nuestras manos
La dulzura envenena nuestros templos
Fallecidos hace una sombra de distancia.
Los gallos de Kipling se levantaron sobre los muros
Arrastrando un sonido:
The dark piece falls down to return in the blood
Y el eco era un espacio que se apegaba a sus brazos.
30
Acá comienza la edad del Eco.
31
Trazo la violencia de la grieta
que se debe cruzar…zar.
Un farol indica los muros
Que contienen mis futuras ruinas,
A sus pies
Elevo tierra en el cuerpo…erpo.
Clavado por su som…bra…bra.
Si lavatorios para sus venas desflecadas…cadas,
Si cruces…ces… rodante…ante.
Si el verbo lugar
Para mantener la muerte alzada…zada.
Cruzo esta obsesiva virginidad de la llanura
Con el mendrugo…ugo de luz
Que encuadra nuestra espera…era y el final
Donde se doblan las espigas…gas en las piedras.
32
Aún el cuidado tibio del compás sobre la escuadra
No dilata el ojo de “G”.
Si se avanza, nos contagiamos nubes,
Si se retrocede, nos lavamos las espaldas.
Desde cualquier quietud
La escarcha monta su espacio con un veneno ágil.
Aún los cuidados del fraile.
Aún las frías goteras orilladas de la infancia
No permitirán que ese islote tenga el mismo aroma de huerfanía.
La tierra que está desde el otro lado
Se ve victoriosa y alegre como una ciudad sin luna
Como un escuadrón que plañe su oído a tierra
Cuando se decantan las sombras de los gentiles en el paisaje.
33
Sobre los oídos baja
la carne de luna
nueva.
El equinoccio ha sido predecido sobre la fecha de los padres.
Acá las flores curvan en el arco del hambre,
La palabra varón es fornicada en cada grupo vomitante
En la cabina de elección un deprimente sol vomita su Real nombre
Se ahueca el espacio del luto,
mientras con el rock celebran.
Las sombras no invaden, invadimos sombras
Nuestros cantos ceremoniales de la tristeza y el frío
Han militado en las tenencias de un litúrgico amor falso.
34
Volver a la caverna
a erigir los días.
Volver al eco que circula pegajoso
Tensar y reflorece la maleza crecida en la amargura
La otra tierra tiene nombre hechizados con alambres de púa,
Nadie ríe si no tiene una doble sombra.
El recuerdo en grillete
Incona la imagen castigada en el lóbulo,
Permíteme firmarte el cuerpo un número de desprecio
Con número previsor y tu temeroso nombre,
Pues no has rebautizado el suelo.
35
Sangrario en las alturas.
Sangrar en la atadura del tiempo.
Encontré los dedos del regreso
Al final del túnel, por la rabiosa aureola que nos brindarán.
No velemos los agrimensores que violaron una grieta sobre la costilla,
Ni la tropa atmosférica que tensó la caída con un nudo marginal de agua.
La lengua hablará en su pasillo del pasado
Invadiendo el acento que lamentará su polvo arrastrado.
36
Los ecos no han fabricado nuestro olivo,
nosotros lo plantamos.
El lugar destila voces.
Antiguas papillas caen aún con guisos de garganta.
Sin ser estatua,
Hemos ensartado en el mármol frío su corazón
El lugar donde los niños comen llorando
Ha terminado por entregarse a una vasija guardada en la inocencia.
Sello la hora en los ojos libres
En la tierra firmada con el pacto de lo verde
Con los pasos de los niños que incendian el antiguo luto.
37
Baja
baja, en la carne temperada
con un diseño casi programado en la sombra.
Sobre la edad del iris
En los ojos de los niños,
He extendido el sarmiento
Del nuevo barco,
Donde comienza la nueva placa de los últimos mármoles
El hotel-nube me espera.
38
Asciendo en torre cruz de humo.
Loco en el verbo y en el continuo presente.
Casualidad haber encontrado mis tallos marchitos.
Me informo como cae la sangre
En la nueva sangre.
El eco está lejano al cuerpo.
Esta es mi última bomba quiero regir la cadena
Que va estar en esta cáscara por las franjas y los guetos.
39
Las lagunas de las franjas van por adentro de la balas
Llevando un temblor que baja
En búsqueda de mi nuevo barco
Por donde descenderé en luna creciente
Alumbrando el agua con el tiempo de luz.
Rijo sobre la popa el acento del despido
La huerfanía,
La réplica caída,
A ambos lados,
Construye la distancia aislada y borrosa
Sobre las aguas ya desérticas:
No quiero decir olvido!
No quiero decirme los olvido!
Arrojo el polvo al grito de la noche cerrada.
No hay calles, no hay desiertos
Sino solo cruces de campanas sobre las arenas
Que momifican el vacío.
Helas allí
Marcando las puntillas del nuevo camino
Que deben abandonar.
Baja
baja, en la carne temperada
con un diseño casi programado en la sombra.
Sobre la edad del iris
En los ojos de los niños,
He extendido el sarmiento
Del nuevo barco,
Donde comienza la nueva placa de los últimos mármoles
El hotel-nube me espera.
38
Asciendo en torre cruz de humo.
Loco en el verbo y en el continuo presente.
Casualidad haber encontrado mis tallos marchitos.
Me informo como cae la sangre
En la nueva sangre.
El eco está lejano al cuerpo.
Esta es mi última bomba quiero regir la cadena
Que va estar en esta cáscara por las franjas y los guetos.
39
Las lagunas de las franjas van por adentro de la balas
Llevando un temblor que baja
En búsqueda de mi nuevo barco
Por donde descenderé en luna creciente
Alumbrando el agua con el tiempo de luz.
Rijo sobre la popa el acento del despido
La huerfanía,
La réplica caída,
A ambos lados,
Construye la distancia aislada y borrosa
Sobre las aguas ya desérticas:
No quiero decir olvido!
No quiero decirme los olvido!
Arrojo el polvo al grito de la noche cerrada.
No hay calles, no hay desiertos
Sino solo cruces de campanas sobre las arenas
Que momifican el vacío.
Helas allí
Marcando las puntillas del nuevo camino
Que deben abandonar.
40
Menguante en la luna respirada.
Guío en la tectónica del frío.
Cedo vuelo en caverna.
Muerdo el arcoíris que invento.
Estoy.
Firmo en el metal mi nombre de vacío: Sogol.
Escribo las noticias antiguas.
Avanzo en llamas con dos monedas en los ojos.
Se aproxima mi canto final.
Se hunde la roca madre.
Me tiendo en las vestales.
Fruto amarillo caníbal porque escribo en noticias antiguas.
Me entrego al delirio en el Padre.
Final:
(SILENCIO)
Cause de la huerfanía.
Jordán sin nombre pulmonado.
Marca pasos de las provincias nuevas
Que
Derriten el polvo y la grieta de la madera en el olivo
A la espera del nuevo Sogol.
Menguante en la luna respirada.
Guío en la tectónica del frío.
Cedo vuelo en caverna.
Muerdo el arcoíris que invento.
Estoy.
Firmo en el metal mi nombre de vacío: Sogol.
Escribo las noticias antiguas.
Avanzo en llamas con dos monedas en los ojos.
Se aproxima mi canto final.
Se hunde la roca madre.
Me tiendo en las vestales.
Fruto amarillo caníbal porque escribo en noticias antiguas.
Me entrego al delirio en el Padre.
Final:
(SILENCIO)
Cause de la huerfanía.
Jordán sin nombre pulmonado.
Marca pasos de las provincias nuevas
Que
Derriten el polvo y la grieta de la madera en el olivo
A la espera del nuevo Sogol.
